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Tras un desayuno de domingo preparado por Leslie con molletes, pomelo y café de olla (molletes: rebanadas de pan calientes untadas con masa de fríjoles y queso fundido) y un paseíto con Canita (primera vez en mi vida que salgo a pasear a un perro sola y bien, muy bien, es muy buena), hoy hemos continuado el plan turístico con una excursión a los Guachimontones, un antíguo asentamiento prehispánico descubierto en 1970 y ubicado en el municipio de Teuchitlán, a una hora aproximadamente de Guadalajara.
Puntual, repeinado y dominguero nos ha recogido Marcelino, el campechano guía que nos ha amenizado el viaje con un auténtico manual de sabiduría local, lingüística y gastronómica, acompañada de una gran dosis de humor. Tal era la intensidad de curiosidades y la gracia con la que las contaba, que en un momento dado le he empezado a grabar (con su permiso), así que el tesoro está en mi móvil y, si no me lo roban, irá apareciendo a lo largo de este blog. De entrada os adelanto que los habitantes de la Guadalajara mexicana no se llaman alcarreños sino tapatíos. ¿Por qué? Porque cuando llegaron los españoles y empezaron a mandar a la servidumbre al tiangui, el mercado de trueque, los indígenas les hablaban diciendo «Tapatepetl» para proponerles intercambiar esto o lo otro. Y claro, los españoles ni papa. Asociaron entonces tapatepetl a los indígenas que lo decían, y simplificaron el nombre llamándolos tapatíos, que viene a ser algo así como los tíos que dicen la palabra que empieza por tapa. Se me ocurre que podría ser también «los tíos de la tapa», pero no vamos a caer en simplicidades.
Poca importancia han tenido ya hoy los Guachimontones en comparación con Marcelino, pero os añado que las ruinas datan de los siglos III-IV y que son construcciones escalonadas de tipo piramidal pero con forma circular. Cada guachimontón constituye el punto central de una plaza dedicada a un fin específico: administrativo, comercial, lúdico, etc.. Se desconoce si dentro de los guachimontones hubo tumbas, ya que fueron saqueados y el gobierno de México no se ha decidido a invertir para la investigación arqueológica. El entorno es de una naturaleza exuberante y a la vez enigmática a causa de las construcciones.
Después de los Guachimontones nos hemos acercado a comer unos tacos a la plaza Teuchitlán, un pueblito precioso con la luz y los colores brillantes de Jalisco. La plaza espaciosa y llena de caminitos, bancos blanquitos repujados y la decoración típica de la festividad de los muertos. Íba yo con la cosa de que no había probado los tacos todavía y al final me he decidido por uno de picadillo de chorizo (soriana que es una). Con cebollita, cilantro y salsa. Estaba espectacular. Después, Marcelino nos ha invitado a una jericalla, que es una versión del flan español mezclada con gelatina. La historia del postrecito tiene poco glamour pero os la cuento, y es que Sor Inés, la monja española pionera del hospicio de Cabañas -del que os hablé ayer-, hizo un día natillas para los niños, se le requemaron y las arregló con gelatina, estableciendo la jericalla gelatinosa y quemada como nuevo postre nacional. No fue muy lúcido el resultado, con perdón de la hermana, de Marcelino y del Gobernador de Turismo de Guadalajara.
Nos contaba Marcelino que, durante las fiestas del pueblo, todavía se celebra en la plaza una auténtica ceremonia del cortejo: las damas caminan en una fila y los caballeros en otra fila en dirección contraria, de manera que ambas filas se cruzan. En el momento del encuentro, el caballero interesado le ofrecerá una flor a la dama de su agrado, quien podrá aceptarla o rechazarla. Si la rechaza, el caballero podrá volverlo a intentar, y la dama expresará su segundo rechazo explotándole en la cabeza un huevo lleno de confeti. El tercer intento fallido será ya castigado con un huevo de verdad -por pesado-. Si la acepta, platicarán juntos un ratito, el caballero la acompañará a casa y, dependiendo del resultado de este first date, se lanzará de nuevo a la plaza a intentar una nueva conquista. Mil comentarios se me ocurren respecto a este speed dating mexicano que sin duda harían explotar la extensión de este post…
Al final de la excursión se ha producido la sorpresa de la jornada, ya que Marcelino me ha dado una tarjeta y resulta que no se llama Marcelino sino Román. Obviamente se ha quedado con Marcelino.
Y esto es todo por hoy. Mañana la cosa se pone seria, ya que iremos a trabajar a San Juan de Cosalá, la población desfavorecida en la que se encuentra el grupo de mujeres. Mucho me temo que la parte turística pasará a un segundo plano en este blog, pero dejadme que vea y os cuente.
Aquí tenéis las fotos.












Nach einem von Leslie zubereiteten Sonntagsfrühstück mit Molletes, Grapefruit und Café de Olla (Molletes: heißes Baguette mit Bohnenaufstrich und geschmolzenem Käse) und einem Spaziergang mit Canita (das erste Mal in meinem Leben, dass ich alleine mit einem Hund spazieren gehe), haben wir heute den touristischen Plan mit einem Ausflug zu den Guachimontones fortgesetzt, einer alten pre-hispanischen Siedlung, die 1970 entdeckt wurde und sich in der Gemeinde Teuchitlán befindet, etwa eine Stunde von Guadalajara.
Pünktlich und gekämmt holte uns Marcelino, unser Fahrer und Guide, am Sonntagmorgen ab. Dank seinen unterhaltsamen Erklärungen und Tipps über Gastronomie und lokale Sehenswürdigkeiten ging unsere Fahrt sehr schnell vorbei. Es war so lustig, dass ich irgendwann begann (mit seiner Erlaubnis), ihn aufzunehmen. Der Schatz ist also auf meinem Handy und, wenn er nicht gestohlen wird, wird er nach und nach in diesem Blog zu lesen sein. Als kleines Apetizer erzähle ich Euch, dass die Einwohner des mexikanischen Guadalajara wohl Tapatíos heißen. Und zwar als die Spanier ankamen und ihre Dienstleute in den Tiangui, den indigenen Tauschmarkt, schickten, sprachen die Ureinwohner sie mit «Tapatepetl» an, um ins Geschäft zu kommen. Die Spanier verstanden dann nur Bahnhof und fingen an, die Ureinwohner Tapatios zu nennen, was so etwas wie «die Leute, die das Wort mit Tapa sagen» bedeutet.
Im Vergleich zu Marcelino waren die Guachimontones von geringer Bedeutung heute aber ich erzähle Euch dazu, dass die Ruinen aus dem III-IV Jahrhundert stammen und dass es sich um pyramide-artige Konstruktionen (also mit Stufen) aber in kreisförmiger Form handelt. Jeder Guachimontón bildet den Mittelpunkt eines Platzes, der einem bestimmten Zweck gewidmet ist: Verwaltung, Handel, Sport usw. Es ist nicht bekannt, ob es in den Guachimontones Gräber gab, da sie geplündert wurden und die mexikanische Regierung nicht genug Geld hat, in die archäologische Forschung zu investieren. Die üppige Natur bildet eine wunderschöne und durchaus grüne Landschaft, die durch die Konstruktionen geheimnisvoll wirkt.
Nach den Guachimontones fuhren wir nach Teuchitlán, einer wunderschönen kleinen Stadt mit den hellen und leuchtenden Farben von Jalisco, um auf dem Rathausplatz Tacos zu essen. Bislang hatte ich ja keine Tacos probiert und ich entschied mich für welche mit Picadillo de Chorizo , Zwiebeln, Koriander und Salsa. Spektakulär waren sie. Danach lud uns Marcelino zu einer Jericalla ein, einer Version vom spanischen Flan, die meiner Meinung nach nicht mithalten kann.
Nach Marcelino’s Erzählung findet auf dem Dorfplatz in Teuchitlán einmal im Jahr eine authentische Balzzeremonie statt. Die Damen gehen in einer Reihe und die Herren in einer anderen Reihe in der entgegengesetzten Richtung, sodass sich beide Reihen in der Mitte treffen. Zum Zeitpunkt der Begegnung wird der interessierte Herr der gewünschten Dame eine Blume anbieten, die sie annehmen oder ablehnen kann. Wenn sie ablehnt, kann der Herr es erneut bei ihr versuchen. Ihre zweite Ablehnung drückt die Dame aus, indem sie ein Ei voller Konfetti auf seinem Kopf explodieren lässt. Der dritte erfolglose Versuch wird dann mit einem echten Ei bestraft. Wenn die Dame aber die Blume annimmt, werden die beiden eine Weile miteinander reden dürfen und der Herr wird sie nach Hause begleiten. Je nach Ergebnis dieses first Dates darf der Mann ja wieder auf den Platz gehen und eine neue Eroberung versuchen. Tausend Kommentare fallen zu diesem mexikanishen Speed Dating ein, die den Rahmen dieses Beitrags sprengen würden…
Am Ende unseres Ausfluges gab es die Überraschung des Tages denn Marcelino gab mir seine Karte und es kam raus, dass er doch nicht Marcelino sondern Román heisst. Er bleibt natürlich Marcelino.
Morgen wird es ernst denn wir fahren nach San Juan de Cosalá, um dort mit den Frauen aus dieser sehr armen Gegend zu arbeiten. Daher wird der touristischer Anteil der Beiträge eher gering… aber lasst mich dort sein und sehen.

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