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Lo atractivo e interesante de vivir por un tiempo en un sitio nuevo es observar el comportamiento de la gente y extraer cosas comunes que son curiosas o distintas a lo conocido. Luego llegan las generalizaciones, las excepciones y las conversaciones para comentar, compartir o contrastar lo observado. Y más adelante, si el tiempo lo permite, la inmersión, es decir, adoptar como visitante lo que nos va gustando de los locales y añadirlo a nuestro patrimonio individual de lenguaje o comportamiento. Pues bien, aquí voy con mis primeras conclusiones tras los tres primeros días de acción e interacción con los jalicienses (habitantes del estado mexicano de Jalisco, cuya capital es Guadalajara).

Hay una base subyacente al comportamiento de los mexicanos que le resulta absolutamente familiar a mi alma española, y por la que tengo una simpatía infinita. Pueden ser las cazuelillas de la cocina, la fregona, el estropajo y la escoba (un saludo, mamá), la espontaneidad a la hora de hacer planes («cuando llegue toco») o la impuntualidad abiertamente practicada y tolerada. Pero también es la confianza en el ser humano y, sobre todo, la alegría de vivir. Esa filosofía de que da igual cómo estén la política, la economía o mi cuenta bancaria, que yo hoy salgo de casa a tomar algo, a hablar con la gente, cantar y divertirme. Si me tengo que llevar los tacos hechos de casa a la plaza de turno, me los llevo. Pero yo, salir, salgo.

Luego está la naturalidad para hablar de cualquier circunstancia personal, preferentemente fisiológica, y hacerla tema de seria conversación. Un ejemplo: el lunes tuve mi día de orientación con visita turística y recados varios en Guadalajara. Me acompañaba Lucas, un joven artista local de mentalidad revolucionaria y, en consecuencia, anti-española (o, mejor dicho, anti-conquista-como-nos-la-vendieron – habrá un post dedicado a esto-), que trabaja ocasionalmente para Projects Abroad a fin de dar algo de estabilidad a sus ingresos. Lucas me recogió de casa el día siguiente a mi llegada y juntos fuimos en Uber hasta el centro para iniciar nuestro recorrido. Llegados al centro, nos dirigimos a un kiosco de información turística para preguntar sobre celebraciones oficiales del día de los muertos. La empleada de turismo, una señora de mediana edad (como yo, vamos), se acercó a nosotros y, previo asesoramiento exprés con buena cara, nos confesó con cara de agobio que necesitaba ir al servicio, que no podía más, que llevaba todo el día sin poder ir porque el de ahí estaba cerrado y si me voy al de allí tengo que cerrar esto así que mejor me aguanto y qué le vamos a hacer. Lucas le siguió el rollo con una empatía admirable y no hizo ni un comentario ni medio cuando seguimos nuestra ruta. Todavía hubo tiempo hablar del gobernador recientemente asesinado en los servicios del ayuntamiento. Otro tema igualmente serio y con servicios por medio…

Otra de las características de la personalidad de los mexicanos es la colaboración y el trabajo en equipo así, espontáneo y sin teorías. Ayer mismo: tras mi presentación en Pro México (a la cual también me acompañó Lucas), tuve la experiencia de «agarrar» (alerta: never say «coger» en México) el autobús por primera vez sola para volver a casa. Para tranquilidad de los preocupados, Lucas ya había hecho conmigo la ruta previamente y me había confirmado que era seguro hacerla sola, ya que es una línea pública moderna y muy vigilada. Al ser hora punta, el «camión» íba literalmente «petao». Quienes íbamos de pie nos agarrábamos con ambas manos a las barras, ya que una mano no es suficiente para los vaivenes del vehículo. El caso: en una parada, alguien entra por la puerta de atrás y, al no poder avanzar hasta la parte de delante para pagar su billete, le da una moneda al viajero de al lado, quien hace un malabarismo y se la pasa al siguiente, y el siguiente al siguiente, und so weiter. Cuando me llega la moneda, le pregunto a la chica que me la entrega: «Y esto, para qué es?». Y me mira con cara de «vaya gringa» y me dice «pues para el camión». Atónita me quedé cuando un minuto más tarde se produjo el retorno del ticket, y más aún cuando el milagro se repitió un rato más tarde, esta vez con una tarjeta a la que la cadena humana condujo a la máquina lectora, y que también volvió, presumiblemente con un viaje menos. Ver para creer, en un país en el que todo el mundo asume que tu dinero y tus bienes personales son sustraíbles solo por el mero hecho de salir de casa.

Y luego está lo del camión de la basura esta mañana en nuestra calle. Viene todo frenético pitando muy alto y sin parar apenas. Los basureros corriendo apresurados a coger las bolsitas de basura que los vecinos han dejado a las puertas de sus casas (no hay contenedores), y los vecinos colaborando y corriendo tras el camión para encestar sus propias bolsas en el remolque. Visto y no visto, oye. A ver si aprenden los del Westend. Por cierto, Leslie me explicó ayer que «ya» no se separa la basura en México porque total, el gobierno la vuelve a mezclar. Y añade «pero si tú quieres, la separamos». A mí…

Os pongo unas fotos de Guadalajara y documentación sobre Soriana, el Rewe jaliciense. Como foto del post, el ungüento multitalento que me vendieron el lunes en el Mercado de la Libertad. Según Lucas, un alucinógeno imprescindible en toda botica casera mexicana.

Y hasta aquí llega el «traje» de hoy. Soy muy consciente de que estas primeras observaciones resultarán siendo minucias informativas en comparación con la global picture que me llevaré a casa dentro de unas semanas, de ahí el número romano que acompaña al título.

Continuará…

Das Attraktive und Interessante daran, eine Zeitlang an einem neuen Ort zu leben, besteht darin, das Verhalten der Menschen zu beobachten und Dinge herauszufiltern, die sich von dem Bekannten unterscheiden. Dann kommen die Verallgemeinerungen, Ausnahmen und Gespräche, um das Beobachtete zu kommentieren, zu teilen und zu vergleichen. Wenn die Zeit es erlaubt, gibt es danach die Immersion, das heißt, als Besucher das zu übernehmen, was wir an den Einheimischen mögen, und es zu unserem individuellen Sprach- oder Verhaltensvermögen hinzuzufügen. Hier sind meine ersten Schlussfolgerungen nach den ersten drei Tagen Interaktion mit den Jalicienses (Bewohner des mexikanischen Bundesstaates Jalisco, dessen Hauptstadt Guadalajara ist).

Das Grundverhalten der Mexikanern ist meiner spanischen Seele zum größten Teil sehr vertraut und auch sehr sympatisch. Es können die cazuelillas in der Küche, der Mopp, der Geschirrschwamm und der Besen (Grüße, Mama), die Spontanität beim Planen oder die offen praktizierte und tolerierte Unpünktlichkeit sein. Aber es ist auch das Vertrauen in den Menschen und, vor allem, die Lebensfreude. Diese Philosophie, dass egal wie der Stand der Politik, der Wirtschaft oder meines Bankkontos ist: ich gehe heute raus um etwas zu trinken, mit Leuten zu reden und zu feiern. Und wenn ich die hausgemachten Tacos an den Feierort mitnehmen muss, tue ich das. Aber Rausgehen und feiern… das darf man nicht verpassen!

Dann ist noch die Natürlichkeit, über persönliche Umstände, vorzugsweise physiologischer Art, zu sprechen und sie zum Gegenstand ernsthafter Gespräche zu machen. Ein Beispiel: am Montag hatte ich meinen Orientierungstag mit einer touristischen Tour in Guadalajara. Begleitet wurde ich von Lucas, einem jungen einheimischen Künstler mit revolutionärer Mentalität und folglich antispanisch (dem Thema werde ich noch einen Beitrag widmen), der gelegentlich für Projects Abroad arbeitet, um sein Einkommen zu stabilisieren. Als wir mit einem Uber im Zentrum ankamen, gingen wir zu einem Touristeninformationskiosk, um uns nach offiziellen Feierlichkeiten zum Tag der Toten zu erkundigen. Die Touristikmitarbeiterin, eine Dame mittleren Alters, kam auf uns zu und gestand nach einer kurzen professionellen Auskunft, dass sie dringend zur Toilette gehen müsse, weil sie den ganzen Tag alleine gewesen war und den Stand nicht alleine lassen wollte. Mit großem Einfühlungsvermögen unterhielt sich Lucas mit Ihr darüber und machte keinen Kommentar, als wir unsere Route fortsetzten. Das Gespräch ging sogar noch weiter und es ging um ein weiteres ernsthaftes Thema, nämlich über den Gouverneur, der neulich im Rathaus ermordet wurde… in den Toiletten.

Ein weiteres Merkmal der mexikanischen Persönlichkeit ist die spontane Zusammenarbeit. Nach meiner Vorstellung bei Pro México gestern nahm ich einen öffentlichen Bus, um nach Hause zurück zu kommen. Zur Beruhigung der besorgten Leser hatte Lucas die Route bereits zuvor mit mir gefahren und bestätigt, dass es sich um eine sichere, moderne und stark bewachte öffentliche Linie handelt. Es war die Hauptverkehrszeit und der Bus war rappelvoll. Die vielen stehenden Passagiere hielten sich mit beiden Händen an den Stangen fest, da eine Hand für das Auf und Ab des Fahrzeugs nicht ausreichte. An einer Haltestelle stieg jemand durch die Hintertür ein und gab dem Reisenden neben ihm eine Münze. Diese wurde ebenfalls an einen weiteren Passagiere weiter gegeben, und so weiter. Als ich die Münze bekam, fragte ich das Mädchen, das sie mir überreicht hatte, wofür sie wohl war. Das Mädchen sah mich belustigt an und sagte «Nun, für den Truck halt». Fassungslos war ich eine Minute später, als die Fahrkarte zurückkam, und erst recht, als sich das Wunder etwas später wiederholte, diesmal mit einer Karte, die die Menschenkette zum Lesegerät und zurück zum Besitzer führte. Kaum zu glauben in einem Land, in dem Geld und Gegenstände, die man mit sich trägt, grundsätzlich in Gefahr sind.

Dann war noch die Müllabfuhr heute auf unserer Straße, die ganz hektisch und laut vorbeikam, die Müllmänner in Eile rennend, um die kleinen Müllsäcke zu holen, die Nachbarn kollaborierend und hinter den Müllwagen her rennend, um die letzten Säcke noch in den Wagen zu kriegen. So zügig shaffen es die frankfurter Kollegen im Westend wirklich nicht… Leslie hat mir übrigens erklärt, dass der Müll in Mexico nicht mehr getrennt wird, weil “die Regierung” ihn wieder durcheinander mischt. Und sie sagte dazu: «Aber wenn Du willst, trennen wir ihn».

Hier sind ein paar Fotos von Guadalajara. Das Beitragsbild ist eine durchaus vielseitige Schmiersalbe aus Peyote, die ich auf dem Markt sozusagen kaufen musste, weil man – so Lucas- in einem mexikanischen Haushalt nicht darauf verzichten kann. Dazu noch eine Evidenz von Soriana, der mexikanische Rewe, der dem Namen nach aus meiner Heimatstadt kommt

So weit so gut… Ich bin mir sehr bewusst, dass sich diese ersten Beobachtungen im Vergleich zu dem Gesamtbild, das ich in einigen Wochen mit nach Hause nehmen werde, als informative Kleinigkeiten erweisen werden. Daher die römische Zahl, die den Titel begleitet.

To be continued…

One response to “Mexicanadas (I)”

  1. Avatar de Mercè
    Mercè

    Qué bien recogidas las impresiones y cuánto me he reído con el relato del «camión», porque me han venido a la memoria recuerdos de anécdotas similares! Ya contarás a ver qué tal esa pomada de peyote! Besos!

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