Hoy era mi highlight personal de toda la aventura mexicana: ¡tortear con Gloria! Tortear es moldear la masa y hacer tortillas mexicanas de trigo o maíz para tomarlas solas, con limón y sal, con frijoles, con fruta, dulces, guacamole o con el guiso que se atraviese. Deporte nacional, vamos. Femenino, claro…

Gloria es una de las mujeres que terminó su formación en «Segunda Oportunidad» y que va a lanzar su negocio de tortillas artesanas de maíz por encargo con ocasión del Expo-Bazar de Pro México, que tendrá lugar -por si todavía no os habíais enterado- los próximos 10 y 11 de diciembre en la sede de Pro México en San Juan Cosalá. La semana pasada nos reunimos las dos para hablar sobre su emprendimiento y preparar unas tarjetas de visita para su futura clientela. Tras una introducción en la que me contó que es viuda desde hace cinco años, madre de 12 hijos, todos adultos, 7 de los cuales viven con ella (los varones), y abuela de unos cuantos nietos, entramos en materia con una lluvia de ideas sobre el futuro nombre de su negocio: Tortillas artesanales, inmejorables, saludables …bla bla. Contentas ambas con el nombre (que por ahora no revelo), le pido el segundo paso lógico en este proceso: «Ahora necesitamos una foto, Gloria», le digo. «Foto no tengo ahorita», me contesta. Y yo: «Ah, no hay problema, si vas a tortear este fin de semana, haces una y me la mandas». «No tengo celular, señora», me dice (no hay manera de que me tutee). «Grr -pienso- ¡cómo no lo he pensado antes de preguntar!». «¿Alguien te puede hacer una?», le digo. «Mis hijos tienen celular algunos pero no tienen tiempo. Mejor traigo la masa el lunes y torteamos juntas aquí y ya puede usted hacer las fotos», me contesta. «Olé – le digo- ¡qué buena idea! Vamos a preguntarle a Rosy. Rosy, que me dice Gloria que si podemos tortear en la casa el lunes y así hacemos las fotos». «¡Ándale, claro!», dice Rosy. Vuelve a mí un pensamiento recurrente en las últimas semanas: ¡Qué fácil es solucionar cualquier pequeño problema a corto plazo en México! No voy a entrar en comparaciones, pero ya me entendéis…

Comprendidas las dificultades para hacer una foto, le pregunto a Gloria qué es lo que tiene que hacer exactamente para preparar la masa y traerla el lunes. Me explica que comprará el maíz a una persona concreta -que lo trae bueno- el viernes, lo cocinará con cal y agua a fuego lento (gas o leña) durante 3-4 horas el sábado, para llevarlo cocinado al molino e ir a recogerlo unas horas más tarde el domingo. Por suerte el molino está a dos cuadras nada más, porque obviamente no tiene carro. Y ya estaría.

Preparada la masa, el torteo consiste en hacer bolas redonditas y prensarlas entre dos plásticos con ayuda de una torteadora (plancha de madera o metálica) para obtener la forma deseada. Una versión todavía más artesanal es la que da forma a la tortilla dando palmadas y girándola con la mano. Una vez planita y redondita, vuelta y vuelta en la plancha a fuego lento y ¡listo! Una variante deliciosa es la pellizcada, que tiene un borde algo elevado base de pellizquitos para facilitar el relleno, en la mayoría de las ocasiones de pasta de frijoles.

Conversábamos Gloria y yo entre torta y torta sobre la vida y el amor. „¿No tiene usted marido e hijos?“, me preguntaba, sorprendida de que anduviera unas semanas sola por estos lares, y le contaba yo sobre mi vida, tan distinta a la suya. Y luego ella. Que empezó a tortear de muy niña, aunque quería ser diseñadora. „Mi papá nunca quiso que estudiara. Decía que mientras viviera en su casa yo no iría a trabajar. Luego me casé, y mi marido me dijo que tenía que haber estudiado en casa de mi padre, que ya no era el momento. Después llegaron los hijos. Cuando ya eran mayores yo empecé a venir aquí a Pro México mientras él trabajaba, pero un día llegó pronto y yo no estaba, y se enteró“. „Ah, ¿él no lo sabía?“, le pregunto. „No, y cuando se enteró no me dijo nada, pero se enojó… yo le dije que no era por mí, sino también por él y por mis hjos. Yo nunca cuestioné su trabajo, ni dejé de atender la casa y a los niños. Para él no cambiaba nada. Luego él se dio cuenta. Cambió mucho. También hice un curso de primeros auxilios, pero no lo terminé, porque para obtener el título había que pagar y yo no tenía dinero para eso, ¡pero aprendí mucho!“.

Pues eso…

Hemos culminado, pues, el torteo bicolor todas contentas. El miércoles repetimos para probar otra variante todavía más saludable…

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